Seguramente Patanjali jamás imaginó que su ciencia llegaría tan lejos

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lunes, 24 de septiembre de 2012

El Opel y el samsara

Una de las ruedas traseras de mi Opel
Todo está listo para que las ruedas de mi Opel comiencen a rodar otra vez en lo que será un nuevo curso yóguico. Por supuesto, servirá para seguir diseminando por toda la región las enseñanzas de Patanjali y compañía.

La odisea continúa, el samsara sigue dando vueltas. En esta ocasión con la intención de profundizar algo más en el arte de las asanas, los mantras y las meditaciones. Parece evidente que mi ciclo samsárico particular está determinado por las revoluciones de los nuemáticos de mi coche.

Esto significa que este año recorreré alrededor de 380 kilómetros a la semana, 1520 al mes, un número ligeramente inferior al de otros años, y 13680 en total. Teniendo en cuenta la circunferencia aproximada de mis neumáticos (190 cm.) y haciendo la cuenta correspondiente, me sale que cada uno de ellos dará unos siete millones de vueltas.

A la vista de todo esto, tengo claro que mi coche se merece un descanso, aunque no sé cuándo será eso posible, y que él es el protagonista silencioso de todas mis peripecias. Si a veces creo sentirme más cerca del nirvana, es gracias al trabajo de esas llantas plateadas.

viernes, 13 de mayo de 2011

Contrapesos occidentales

Wagner y Bruno. ¿Por qué? Porque Occidente, a través de estos dos puntales y de muchos otros, también rezuma espiritualidad. Es cierto que en Oriente el espíritu se hace patente de múltiples formas, pero el hecho de que parezca que los occidentales carecemos –que no es el caso– de tecnologías explícitas para la transformación de la conciencia, no quiere decir nada.

O tal vez mucho. A lo mejor es imposible pensar, o planificar, la forma de iluminarnos, por mucha técnica contemplativa que tengamos a mano. Si la iluminación es como una cura, esto es casi una cosa cierta. Porque, tal como asegura Janov, quizá no podamos pensar la forma de curarnos.


Y es que la cura probablemente habrá que encontrarla en el dominio de los sentimientos, y no tanto en el de la razón, con sus planes, sus previsiones, sus caminos ciertos, sus metas. Los Discípulos también apuntan en esa dirección. Discípulos no–racionales, occidentalmente imprevisibles, pero occidentales al fin y al cabo. Aún habrá que definir un samadhi y un nirvana para ellos.