El libro ya está en la Biblioteca Pública de Nueva York. Mis pies ya son internacionales.
Seguramente Patanjali jamás imaginó que su ciencia llegaría tan lejos
domingo, 23 de junio de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
Ranúnculos, la luna y un zorro muerto
Según se cuenta, cuando el príncipe Siddhārta decidió salir de su palacio,
vio consecutivamente a un anciano, un enfermo, un cadáver y un asceta, lo que
se suele conocer como las cuatro señales o los cuatro signos, que serían las
que a la postre le harían emprender su camino hacia la buddheidad.
Ayer, a lo largo de mi yoga errante, también encontré cuatro
señales, marcas de la temporalidad de todas las cosas: ranúnculos en las
charcas (indicio de la incipiente primavera), cuarto creciente de luna en el
cenit y un zorro muerto en la carretera.
Al ver la
cuarta señal: las estrellas en el cielo (también temporales a pesar de parecer
eternas), entendí que la hora de volver a casa había llegado.
martes, 22 de enero de 2013
मत्स्येन्द्रनाथस्य शिष्याः
Creo que estamos en condiciones de
escribir el título del libro en devanāgarī, que es el tipo de escritura que se
utiliza en sánscrito. Así, Los Discípulos
del Señor Pez se traduciría como मत्स्येन्द्रनाथस्य शिष्याः.
Si transcribimos esta expresión a caracteres latinos tendríamos matsyendranāthasya śiṣyāḥ, según el
Alfabeto Internacional de Transliteración sánscrita (AITS).
El sánscrito es un idioma parecido al
latín, y para escribir algo hay que tener en cuenta las declinaciones. En
nuestro caso tenemos:
matsyendranātha-sya: genitivo
singular, «del señor de los peces».
śiṣyāḥ: nominativo
plural de śiṣya, «los discípulos».
De momento las palabras sánscritas
que aparecen en Los Discípulos no
están escritas con la transliteración correcta; y ese será un «error» a
subsanar en próximas ediciones, si es que las hay. De esta forma, por ejemplo, sarvangasana (la postura sobre los
hombros) debería escribirse sarvāṅgāsana,
donde los símbolos que aparecen por encima de la a y la n indican que la
pronunciación de esas letras es diferente a la convencional.
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lunes, 14 de enero de 2013
Presentación en Ávila. Mayo de 2012
Este vídeo recoge algunos de los momentos de la presentación de Los Discípulos en el Centro de Psicología, Yoga y Salud Chelo Díaz de Ávila el pasado 19 de mayo de 2012.
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viernes, 7 de diciembre de 2012
Actos psicoliterarios: El Señor Pez en Nueva York
Me he atrevido a designarlo así. Lo psicoliterario como
acto: en este caso bajo la forma de un libro arrojado a las fauces de una gran
ciudad, como una botella con mensaje arrojada al mar, con la esperanza de que
mágicamente alguien advierta la presencia de un Señor Pez que intenta
sobrevivir en una isla yóguica desconocida.
El libro será donado a alguna de las bibliotecas públicas de Nueva York, posiblemente de Brooklyn, y los panfletos serán repartidos por algunos centros de yoga de la ciudad, librerías y otros lugares afines. El objetivo es que el libro también pueda ser leído allí y que las personas que se encuentren con las octavillas puedan sentir algún interés por la historia, o al menos por echar un vistazo a esta web.
Ahora que
lo «spanish» y el yoga urbano están tan de moda en la ciudad de los
rascacielos, tal vez los «newyorkers» puedan sentir algún interés por el
exotismo yóguico de la España
rural.
He enviado un ejemplar de Los Discípulos a Nueva York, junto
con algunos cientos de octavillas en las que puede leerse un fragmento del
libro, en inglés y en español. La traducción ha corrido por mi cuenta y he
contado con la ayuda de algunos amigos. Podéis leer el fragmento en inglés
aquí.
El libro será donado a alguna de las bibliotecas públicas de Nueva York, posiblemente de Brooklyn, y los panfletos serán repartidos por algunos centros de yoga de la ciudad, librerías y otros lugares afines. El objetivo es que el libro también pueda ser leído allí y que las personas que se encuentren con las octavillas puedan sentir algún interés por la historia, o al menos por echar un vistazo a esta web.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Yoga, literatura, fenomenología y guruísmo: en la era del mindfulness y de la espiritualidad 3.0
Construir un puente entre el yoga
y la literatura: una nueva tarea. Como si fuera poca cosa el acueducto que a
veces se adivina entre ciencia y espiritualidad. Lo cierto es que ese puente
siempre ha existido, aunque los hathayoguis modernos no lo transiten demasiado.
Pero las cosas parecen estar cambiando, aunque todavía eso que podemos llamar guruísmo tiene un gran peso en nuestra forma de concebir nuestra ciencia. Y sin embargo el hecho de seguir de forma incondicional, y a veces compulsiva, a un determinado gurú puede no ser suficiente. De hecho, nunca es suficiente.
La tradición hindú es rica en obras
literarias imprescindibles, pero parece que todo el mérito literario se lo
concedemos a los sabios de la antigüedad o a los pocos iluminados que de vez en
cuando irrumpen en escena, o a los que consideramos iluminados.
Apelamos a las tablas de las
leyes yóguicas que ya están escritas. Y mientras tanto muy pocos hablan de su
experiencia, de su verdadera y sincera experiencia de vida a la luz del yoga. No
me refiero a lo que se debe experimentar, sino a lo que verdaderamente se
experimenta. Necesitamos un lived-yoga
que no preste demasiada atención a las rutas preestablecidas –ya casi
petrificadas- de los fundadores.
Pero las cosas parecen estar cambiando, aunque todavía eso que podemos llamar guruísmo tiene un gran peso en nuestra forma de concebir nuestra ciencia. Y sin embargo el hecho de seguir de forma incondicional, y a veces compulsiva, a un determinado gurú puede no ser suficiente. De hecho, nunca es suficiente.
Pronto dejaremos de referirnos a
ellos como la única fuente de autoridad que pueda sancionar nuestras prácticas
y posiblemente nuestros logros. Tal vez ellos mismos dejen de ser el único faro
que pueda iluminarnos en nuestro viaje hacia el Atman, porque quizá muy pronto
nuestra idea de lo que es el Atman cambie de forma irreversible.
Estamos entrando en la era del
mindfulness y de la espiritualidad 3.0. El propio espíritu dejará de ser un
lugar al que ir para convertirse en una experiencia que compartir. ¿Por qué no
poner sobre la mesa los descubrimientos yóguicos personales para ver qué es lo
que realmente compartimos?
Sigue pesando la práctica y el
pensamiento de que la práctica es lo más importante. Eso aún delata nuestro
compromiso con los cánones tradicionales. Pero aquí de lo que se trata, más que
de práctica y de los pormenores de la misma, es de ver qué pasa realmente por
dentro y de saber comunicarlo a los demás sinceramente.
Y así
llegamos a la fenomenología. Desde luego, no vamos a tirar los mapas del
espíritu tradicionales, pero quizá tendríamos que apostar por tratar de abrir
nuevas rutas en el océano de la conciencia. Encabezar expediciones pioneras
requiere probablemente un gran esfuerzo, pero cuando nuestras ideas de lo que
es la conciencia y el espíritu se caigan por su propio peso no tendremos más
remedio que hacerlo. Y entonces Los
Discípulos seguirán estando ahí.
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sábado, 13 de octubre de 2012
Yoga en Villavieja de Yeltes
He pensado que puede ser interesante seguir ampliando la mediateca de Los Discípulos: las imágenes como complemento del libro o al menos como una ayuda curiosa que nos sitúe en la historia.
En el vídeo pueden verse algunas de las cosas que rodean a mi clase de Villavieja: el paisaje de la comarca, el colegio en las afueras del pueblo, los campos que se ven desde el gimnasio en el que practicamos, lugares de vacas que se mueven y a veces asustan...
Tal vez haya personas en los pueblos cercanos que se animen a acompañarnos a partir de ahora: Yecla de Yeltes, Pozos de Hinojo, Bogajo, Fuenteliante, Villares de Yeltes...
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viernes, 28 de septiembre de 2012
Thoreau y el testimonio
Me alegra saber que algunas obras literarias que se pueden
clasificar dentro de la llamada literatura testimonial han terminado
convirtiéndose en obras imprescindibles de la literatura universal, sobre todo
cuando puede parecer que este tipo de narrativa es un género menor. Es el caso
de Walden, de Henry David Thoreau.
Y más aun cuando, en el caso de esta obra, además de la
experiencia vivida por el autor en su retiro en el bosque, lo que se pone sobre
la mesa es una suerte de intuición o visión filosófica que se concreta en acto
y en elección de una forma de vida a través de la cual el mundo cotidiano es transformado.
«Los hechos más sorprendentes y significativos no pueden
jamás comunicarse a los demás. El verdadero fruto de mi vida cotidiana es de
algún modo tan intangible e indescriptible como los colores de la mañana y del
atardecer. Lo que se capta tiene algo de fulgor estelar, de fragmento de arco
iris que he podido aferrar al paso».
Los
Discípulos manifiestan muchas de estas cosas, o cuando menos están en
concordancia con ellas. Cada anécdota y cada experiencia vivida tienen, como
dice Thoreau, cierto fulgor estelar, cierta luminosidad incomunicable, vienen
envueltas en «nubes de gloria», tal como diría Wordsworth. La originalidad y
autenticidad de cada momento señalan la irrupción inesperada de lo numinoso.
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lunes, 24 de septiembre de 2012
El Opel y el samsara
Una de las ruedas traseras de mi Opel
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Todo está listo para que las ruedas de mi Opel comiencen a
rodar otra vez en lo que será un nuevo curso yóguico. Por supuesto, servirá
para seguir diseminando por toda la región las enseñanzas de Patanjali y
compañía.
La odisea continúa, el samsara sigue dando vueltas. En esta
ocasión con la intención de profundizar algo más en el arte de las asanas, los
mantras y las meditaciones. Parece evidente que mi ciclo samsárico particular
está determinado por las revoluciones de los nuemáticos de mi coche.
Esto significa que este año recorreré alrededor de 380 kilómetros a la
semana, 1520 al mes, un número ligeramente inferior al de otros años, y 13680 en
total. Teniendo en cuenta la circunferencia aproximada de mis neumáticos (190 cm .) y haciendo la
cuenta correspondiente, me sale que cada uno de ellos dará unos siete millones
de vueltas.
A la
vista de todo esto, tengo claro que mi coche se merece un descanso, aunque no
sé cuándo será eso posible, y que él es el protagonista silencioso de todas mis
peripecias. Si a veces creo sentirme más cerca del nirvana, es gracias al
trabajo de esas llantas plateadas.domingo, 16 de septiembre de 2012
Medio humanos, medio divinos
Me he decidido a retomar este vídeo, que es un resumen del
original de veinte minutos. En éste no hay música, sólo el sonido ambiente.
Aquí mis palabras tienen quizá más protagonismo que las imágenes. También había
que decir en qué consiste el libro.
La entrevista fue grabada en un remoto lugar del valle del
Ambroz, cerca de Hervás, en la provincia de Cáceres. Fue justo hace dos años,
algún día hacia el final de septiembre de 2010, justo al atardecer.
Algunos amigos han apuntado que parece que estoy un poco
enfadado al hablar. Hay una razón: justo enfrente de donde estaba sentado, un
paisano estaba dando gritos feroces a las vacas de una finca cercana, a las
«bestias», como también se las llama por allí. Yo no quería que se colara en el
sonido, y el sol ya se iba…
Al final
todo se solucionó y el escenario volvió a recuperar el ambiente bucólico y campestre
que tal vez puede apreciarse en las imágenes.
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martes, 28 de agosto de 2012
Yoga de color farinato
La siguiente es una entrevista que concedí hace unos meses a la revista Plaza Pública de Nuevo Naharros, una pequeña localidad cercana a Salamanca en la que
imparto clases de yoga desde hace un par de años. Ha sido publicada en el
número 11 de dicha revista. La reproduzco aquí en su totalidad.
¿Qué
podrías decirnos del yoga? ¿Cuáles son sus elementos distintivos? Si tuviera un
color o un sabor, ¿cuál sería?
Las asanas (posturas del yoga) se han hecho un
hueco dentro de las tradiciones locales de los pueblos. Todo encaja. Como bien
dijo mi amiga Belén Santana con motivo de la presentación de mi último libro,
hace un par de meses, el yoga es compatible con el farinato.
¿Es una
ciencia del cuerpo, de la mente, o de ambos?
Casi todo el mundo sabe qué es lo que implica
practicar esta doctrina. Los beneficios para la salud son un hecho. Está casi
todo dicho, pero uno puede consultar cualquier libro sobre el tema en cualquier
biblioteca para darse cuenta de que es así. Con la práctica uno reconoce una
nueva realidad corporal y participa de ella, el cuerpo cambia y se renueva.
Pero la cosa no se queda en lo puramente físico. El yoga también es una ciencia
de la mente, un método y una disciplina que puede ayudarnos a conocer su
naturaleza. En una ocasión un alumno me preguntó: «¿Qué puedo hacer para parar
mi mente?». Le dije que no podía hacer nada, ya que la naturaleza de la mente
es precisamente moverse.
En ocasiones a mis alumnos les pregunto dónde
está la mente. Pero no me refiero con ello a que me digan qué están pensando,
sino literalmente dónde está la mente, en qué lugar. «¿Está la mente en la
cabeza?». Obviamente no. Si abriera la cabeza de todos mis alumnos sólo me
encontraría con un puñado de sesos grises. Por tanto, éste es un gran
descubrimiento: la mente no está en la cabeza ni en ningún otro lugar del mundo
físico. No puedo ver los pensamientos de las demás personas o localizarlos en
algún lugar del espacio. Tenemos que estudiar la naturaleza de este espacio
mental, y eso se consigue a través del yoga.
¿Tiene que
ver con la espiritualidad?
Siempre me gusta insistir en que el yoga no es
sólo una disciplina física, no es sólo una especie de gimnasia, también es una
disciplina que se ocupa de nuestra dimensión mental y de nuestra dimensión
espiritual, si queremos decirlo así, independientemente de lo que entendamos
por espiritual. Porque, desde el punto de vista de la tradición hindú, el ser
humano consta de varios niveles: cuerpo, mente, alma, espíritu. Las posturas de
yoga, al fin y al cabo, son la parte más visible de todo el asunto. Y es que la
mente –y con ella nuestra visión del mundo y de las cosas– también cambia con
la práctica.
¿Quién
puede practicarlo?
Uno puede empezar desde donde se encuentre,
desde el nivel en el que esté, y después ir profundizando. El menú yóguico
siempre es variado y uno puede tomar lo que más le atraiga de él. No hay
dogmas, rigideces ni métodos invariables. Flexibilidad y sutileza, éstas quizá
sean dos de las cualidades más importantes de esta tradición.
La constancia es importante. Sin ella es casi imposible
percibir algún avance. Con esa predisposición y con algo de voluntad por
nuestra parte podemos ir prosperando en nuestra andadura yóguica. Unos
descubrimientos nos conducen a otros. Profundizamos en las dimensiones sutiles
de nuestra naturaleza. Invertimos en el conocimiento de nosotros mismos. A
través de nuestra práctica sembramos hoy las semillas de un mañana en el que la
plenitud y la salud puedan ser nuestras señas de identidad. Esculpimos en
nuestro carácter ciertas trazas de sabiduría. Y, por supuesto, no somos ajenos
al mundo. Los estereotipos yóguicos deben empezar a caerse por su propio peso. No
estamos todo el día meditando, sentados en el suelo recitando el mantra om.
¿Qué se
pretende conseguir con el yoga?
Mi yoga pretende ser un yoga activo, un yoga que
se implique en lo social y que no le de la espalda a la realidad en la que
vivimos. Aunque creo que esto está aún por inventarse. Todavía no sabemos cómo
la difusión de la práctica de nuestra ciencia va a modificar la faz de nuestro
mundo y de nuestras costumbres. Aún es pronto. Pero quizá el talante de las
personas que lo practican comienza a sobresalir por encima de la media. «Sirve,
ama, da, purifica, medita, realízate». Éstas son algunas de las prescripciones
de Sivananda, uno de los sabios que difundió el yoga con más brío durante el
siglo pasado. Realizarnos, hacer real lo que somos. Ésa es una buena meta que
nos podemos imponer. Aquí Oriente y Occidente se dan la mano, porque la llamada
psicología transpersonal –una ciencia exclusivamente occidental– también
apuesta por eso. Llegar a ser lo que somos. Ésta puede ser la culminación de
nuestras aspiraciones yóguicas, una llama y un fuego que quizá nos convenga
mantener encendido en algún lugar de nuestro interior, especialmente en estos
tiempos de crisis. Si el fuego se mantiene activo, el calor está asegurado.
¿Ha sido
el yoga bien acogido en nuestra provincia?
Merecemos tenerlo entre nosotros, merecemos que
el yoga llegue a los confines de nuestra provincia. Ahí está su última
frontera, el último bastión conquistado por la ciencia de Patanjali (uno de los
sabios del yoga). Todos podemos contribuir a ese hecho, porque todos, alumnos y
profesores, somos discípulos de Matsyendra, el legendario señor de los peces,
de quien procede esta tradición. Él estaría sorprendido del alcance que ha
tenido su saber entre nosotros, pero a la vez orgulloso porque hemos sido
capaces de poner sobre la mesa y de hacer llegar a todo el mundo las bondades
de sus métodos.
De esto da cuenta Los Discípulos del Señor Pez, relato en el que se dibuja y se
refleja la trayectoria que podría recorrer cualquier yogui occidental,
cualquier persona que se ve empujada a la práctica por un anhelo de
conocimiento que no encuentra en ninguna otra parte. Como ya he dicho en muchas
ocasiones, hay muchos manuales de yoga, algunos imprescindibles si lo que
deseamos es iniciarnos en él con cierto fundamento y con ciertas garantías. Por
eso decidí escribir una historia diferente, porque creo que necesitamos que los
expertos nos hablen en primera persona y nos cuenten sus experiencias. ¿Cuáles
son sus motivos para practicar, sus dificultades, sus miedos, sus dudas, sus
descubrimientos? ¿Qué es lo que uno consigue con la práctica? ¿Cómo es la vida
de un yogui? En cierto sentido necesitamos bajar a los yoguis del pedestal al
que los hemos subido, porque creo que al fin y al cabo no son más que personas
comunes y corrientes que empezaron desde donde todos hemos empezado. Por eso el
Señor Pez puede ser una buena inspiración para todo el mundo.
Yoga y
literatura, una interesante mezcla, ¿no es así?
Sí, me parece interesante que ambas se den la mano. La tradición
literaria antigua tiene un peso importante en la cosmovisión hindú. En cambio
parece haberlo perdido en tiempos recientes. No se tienen en cuenta estos
factores literarios o artísticos en el yoga que se practica hoy. Creo que esto
principalmente ocurre porque el yoga no es una ciencia que se lea. El yoga se
practica, pero no se lee. Sin embargo, me ha parecido importante rescatar este
aspecto. La lectura también puede ser una práctica yóguica y, como toda
práctica, también puede contribuir a transformar nuestra mente. Con la buena
literatura el enriquecimiento está asegurado. Así pues, ejercicio físico,
relajación, respiración, meditación y también lectura. En este caso creo que
las aventuras del Señor Pez están bien para empezar.
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viernes, 24 de agosto de 2012
El libro en pdf
Comprar a través de PayPal es tremendamente fácil y seguro.
No hace falta tener una cuenta en Paypal, puedes utilizar una simple tarjeta de
crédito. De esta manera el libro podrá llegar a cualquier punto del planeta con
un simple click.
En cualquier caso, sigo apostando fuertemente por el libro tradicional,
en papel, y por la difusión del mismo localmente. La idea del pdf ha surgido
debido a la imposibilidad de llegar a todo el mundo y como una forma de tantear
un posible mercado virtual.
La edición en pdf es prácticamente idéntica a la segunda
edición en papel. He conservado la portada y la contraportada, y he hecho
algunas correcciones y otros cambios sutiles que no afectan a la narración
original.
viernes, 27 de julio de 2012
Palabras para Los Discípulos
Por fin ya está aquí el nuevo vídeo sobre el libro. Desde
aquí quiero daros las gracias a todos los que intervenís en él: Adela Navarro,
Almudena Ovejero, Ana Santa Cruz, Ángel Pérez, Carlos Hernández, Elena
Escribano, Elva González, Guadalupe Lorenzo, Isabel Garrido, Lola Hernández, Mª
José Sánchez Lucas, Mª José Sánchez Pérez, Manuel de la Cruz , Mar Prieto, José
Francisco Martínez, Pilar Hernández, Pilar Cifuentes y Sonia Bartol. Como
podréis comprobar, he tenido que recortar vuestras intervenciones. Quería, ante
todo, emitir un mensaje corto y directo, y que el vídeo no durara más de cuatro
minutos.
También quiero daros las gracias a todos los que me habéis
ayudado con los subtítulos en inglés, especialmente a Elva. No domino este
idioma a la perfección, pero creo que a grandes rasgos la traducción es buena y
refleja las palabras originales.
La música de fondo es mía. He querido ser fiel al espíritu
artesanal que alienta a todo este trabajo desde el principio. No ha quedado mal
a pesar de que estas notas fueron las primeras que salieron del primer piano
frente al que me he sentado. Gracias a Carmen Paino por cedérmelo por unos
minutos. Resulta un tanto minimalista, hasta zen diría yo.
A pesar
de que la calidad de las imágenes no es del todo buena, creo que puede ser una
interesante carta de presentación para el libro, por el cual sigo apostando con
fuerza. Espero por tanto que, si no lo habéis hecho ya, os animéis a comprarlo
y a leerlo. Y dentro de poco será más fácil; pronto estará disponible una
versión en pdf que podréis adquirir online.
Mientras tanto, espero que disfrutéis de la música, de las palabras y también de los silencios.
martes, 17 de julio de 2012
¿Puede un yogui de barrio decir algo realmente importante?
Hay algunos centros de yoga que están de moda, que tienen
cierto renombre, que son frecuentados por numerosos adeptos, que parecen estar
a la última en la ciencia de Patanjali. Hace poco visité uno de ellos, con mi
libro debajo del brazo, para dejar allí algunos marcapáginas e información
sobre mi pequeño y provinciano animal literario.
Y ciertamente uno puede sentirse muy poca cosa entre tantos
panfletos, entre toda la información detallada de cursos, programas, clases,
yoga de verano… Cuando les hablé de mi libro dijeron: «Mira que majo», como
queriendo añadir: «A pesar de lo poco que sabrá de todo esto, se atreve a
escribir un libro y a presentarse con él aquí, ofreciéndonoslo a nosotros
poniéndolo delante de nuestras narices».
Aunque tal vez todo son interpretaciones mías. Lo que está
claro es que las anotaciones al margen venden poco. Todo el mundo quiere oír
hablar de lo magnífico que es el yoga, que lo es, uno se queda obnubilado con
las andanzas de tal o cual maestro, nos impresionan las historias de algunos
buscadores espirituales que terminaron bebiendo de miles de gurús…
El arquetipo del buscador. Para el curriculum está bien. No
abundan tanto los que han terminado encontrando cosas valiosas, y menos aún los
que han sabido crearse su propia vida espiritual, sin buscar y sin encontrar.
Porque el que uno busque mucho no quiere decir que uno encuentre algo. Aquí,
como en muchos otros casos, puede ser que menos sea más.
Y eso es lo que son Los Discípulos, no son ni buscadores ni
encontradores. Su espiritualidad está mucho más allá o mucho más acá de todo
eso. Sí, hay al menos una cosa que un yogui provinciano puede aportar, algo por
cierto que no puede comprarse ni venderse. Y es su propia creatividad
espiritual, que desde luego no está reñida con la sabiduría.
El ruido yóguico es abundante. La sabiduría, en cambio y
como casi siempre, solamente puede encontrarse entre bastidores. A veces lo
verdaderamente transformador nos pasa desapercibido. ¿Y por qué? Probablemente porque
sólo se necesitan cosas simples, miradas inocentes y originarias, ojos que
puedan descubrir la simplicidad esencial que se esconde detrás de todos los aderezos.
Nuestra
atención yóguica necesita ser una atención flotante, una mirada que no sólo se
fije en las evidencias de la práctica o en las rutinas preestablecidas, sino
también en todo lo que las rodea, en la vida misma, una actitud que es más un
centramiento que una concentración. Y eso es una apertura que probablemente nos
aleja, sí, de todos los marcos yóguicos tradicionales. Tal vez así podamos
encontrarnos con una sabiduría insospechada.
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martes, 26 de junio de 2012
Yoguis que leen, escritores que practican yoga
Ni lo uno ni lo otro. Eso es lo
que pienso a la hora de hacer balance tras la gira primaveral de
presentaciones. Es el momento de sacar conclusiones, de planificar los próximos
pasos a dar, de diseñar nuevas estrategias para difundir este trabajo. No soy vendedor
ni experto en marketing, pero me he propuesto ser un escritor (y yogui) activo.
Veamos. Éstas son las impresiones
más importantes que he tenido tras tomar el pulso –de una forma muy modesta,
claro está– a los mercados yóguico y literario:
Siguen valiendo las
recomendaciones de terceros, sobre todo si estos terceros son figuras de
autoridad que recomienden el libro.
En las librerías es más difícil,
simplemente porque en ellas no es visible. A veces es mejor intentarlo en otros
establecimientos. Exagerando un poco, hasta las carnicerías podrían valer.
Creo que el libro se sitúa en una
frontera difícil y poco transitada, entre lo yóguico y lo literario. Y eso
puede ser un hándicap, pero también un valor añadido.
En los círculos yóguicos no se
valora suficientemente lo literario en sí, sigue valiendo más una tonelada de
práctica… Ocurre lo mismo pero a la inversa en los círculos literarios, en los
que la disciplina del yoga es un asunto desconocido. Por supuesto, estoy
generalizando.
Creo que si el libro encontrara
los canales adecuados de difusión podría tener éxito. Desde luego, existen
muchas formas de definir el éxito. Para mí ya lo ha tenido, pero aquí hablo de
vender ejemplares. En este punto, el éxito consistiría en lograr unas ventas
que reportaran unas ganancias que pudieran corresponderse de forma racional con
el trabajo realizado. Cosa difícil, porque parece que el éxito es una cosa
bastante irracional, o todo o nada.
Los mejores canales quizá sean
las entidades, escuelas, librerías o centros híbridos, lugares y personas que
muestren un interés sensible en lo novedoso, en lo creativo, que estén abiertos
a diferentes tendencias artísticas, culturales, expresivas, etc.
martes, 15 de mayo de 2012
Sutiles fronteras literarias
He visitado una nueva librería. Es grande y dispone de una especie de ágora y de múltiples pasillos en los que se ordenan los diversos géneros literarios. No he podido evitar acariciar el lomo de los volúmenes de filosofía. Tampoco he eludido a los psicólogos más representativos, ni a los escritores románticos. Mis dedos, al deslizarse entre ellos, querían cerciorarse de que estaban todos.
He abierto a Freud, a Jung y a algunos psicólogos transpersonales. La filosofía de la religión parece menos conocida. Lo oriental se escondía en una esquina exótica, lejos de la ortodoxia de nuestra civilización. Pero sus páginas encerraban verdades como puños, más grandes y más altas que todas las estanterías de esta librería juntas.
¿Cuánto tiempo hubo de pasar para que me decidiera por algún título? ¿Picoteo literario? No lo sé. Aunque los mensajes de cada texto eran dispares, siempre quise adivinar una suerte de fundamento esencial en todo lo que estaba escrito, trazas literarias para componer una visión integradora tal vez. ¿Acaso puede inventarse una nueva forma de leer?
Por fin elegí un volumen que se situaba en la frontera de lo místico y lo poético, las crónicas de ciertos filósofos independientes, nada académico. La librera, con una delicada amabilidad, me dicto unas extrañas instrucciones de uso. Nunca pensé que con los libros pudiera hacerse otra cosa que no fuera leerlos, acaso estudiarlos o meditarlos, pero parecía que al mío también se le podían dar otros usos prácticos.
La meditación, conocer la naturaleza de la mente, un espacio infinito, un cielo abierto y azul en el que de vez en cuando aparecen algunas nubes. Siempre acaban evaporándose, siempre se forma alguna tormenta. Proyectarme en el espacio, proyectarme entre las páginas de mi libro. Las sutiles imágenes que cada frase evoca. La conciencia de penetrar en el mundo del autor, perfiles de un sueño que el autor y el lector comparten. Una visión que se construye con el material de las vidas de ambos y que no le pertenece a ninguno de los dos. La literatura: memoria e imaginación.
Cuando llegué a casa me senté en mi sofá, puse sobre mi regazo el libro que había comprado, cerré los ojos y coloqué mis manos sobre la portada. Medité durante cinco minutos. Después abrí el libro al azar y leí dos párrafos. Volví a cerrarlo. Y una nueva meditación, pero esta vez nada de contar respiraciones. Me dediqué a la tarea de dar cuerpo a un mundo casi onírico, solidez a la escurridiza y volátil sustancia psíquica. No quise precisar las formas de las imágenes. Así hasta que una luz etérea pareció inundarlo todo. Y la vida de aquel mundo era en cierto modo autónoma. Cuando abrí los ojos el fuego sutil aún perduraba adherido a todas las cosas.
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sábado, 14 de abril de 2012
Consideraciones rajásicas
Tengo un amigo que no toma café. Dice que es un alimento rajásico y que sobreexcita su mente. Los manuales de Sivananda no dejan lugar a dudas. Efectivamente, el café entra dentro de esa categoría de alimentos. Comer deprisa también se considera un acto rajásico. Pero ¿quién fue el primero que hizo estas clasificaciones?
Acudo a Feuerstein. Su monumental The yoga tradition tal vez pueda arrojar alguna luz. Hay que remitirse a las gunas, las tres cualidades de la naturaleza, y a su definición. La encontramos en un texto antiguo, el Samkhya Karika. Pero ¿cómo ha de manejarse uno con ellas?
Nos fijamos en otro texto; éste, algo posterior, el Kula Arnava Tantra. Uno de sus comentarios afirma que son las gunas las que causan la ilusión de sentirnos seres independientes, separados de nuestra fuente divina. Con la iluminación la ilusión desparece y el yogui realiza el Yo supremo, también llamado nirguna (más allá de las gunas).
A lo mejor es por esto por lo que, mientras uno sea víctima de la ilusión, sólo se aconseja el término medio, o sea, sattva. Parece que nadie dice a las claras que es mejor no tomar café, o ajo, o una copa de vino de vez en cuando. ¿Practicará sexo mi amigo? No conozco cosa más excitante que el sexo, que es excitación por definición.
De nuevo a Feuerstein. La dieta. Ajá, el Gheranda Samhita, aquí está, en el capítulo quinto. Tenemos unos cuantos puntos referentes a la alimentación. Entre otras cosas, se aconseja que todo debe ser limpio y puro, y que se deben evitar los alimentos amargos, ácidos, salados, picantes y tostados, etc. Cosas curiosas: «el principiante debe evitar los viajes frecuentes, la compañía de las mujeres (¿y el sexo?) y calentarse en el fuego».
Poco más hay que decir. Definitivamente las prescripciones de este yoga no me sirven. El contexto cultural en el que se escribieron está a años luz del nuestro. Y creo que los yoguis actuales debemos saber que nuestra tradición está llena de estas cosas. Bien es cierto que también se nos dice que el sabio liberado está libre de todo tipo de restricciones alimentarias, ya que, en última instancia, y tal como afirma la Taittiriya Upanisad , «el ser liberado es el alimento y el consumidor del alimento: el Yo trascendental está siempre devorándose a sí mismo a través de los múltiples objetos del mundo fenoménico».
Cierro a Feuerstein. Conclusiones. Muchas preguntas. Quizá sea inevitable empezar con ciertas restricciones. No podemos negar que incluso nuestro yoga hunde sus raíces en la oscura noche de tapas y de todo lo que significa el ascetismo. Siempre ha habido ascetas. Y aún perduran esas reminiscencias en nuestra propia práctica. Y aún perdura la resemblanza de los ritos antiguos cada vez que encendemos una vela o un incienso.
Quizá sigamos necesitando desmarcarnos de todo lo profano, quizá continuamos necesitando rememorar el sentimiento de lo sagrado. Y quizá en esa línea divisoria comienza la renuncia, tal como afirmaba Durkheim. Tal vez nuestro tiempo sea un tiempo para superar esas brechas, el tiempo de la reconciliación entre lo sagrado y lo profano para acceder a una nueva dimensión de la espiritualidad.
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martes, 13 de marzo de 2012
Yoga literal vs yoga imaginario
Desliteralizar el yoga. ¿Qué significa esto? Porque esa parece ser la dirección hacia la que apuntan Los Discípulos. Para empezar, no tomar las cosas al pie de la letra de los textos y tratados clásicos del hatha yoga y de la tradición hindú. Tampoco al pie de las asanas o de todo lo que se pueda decir de ellas.
Especifiquemos, aunque no sea fácil. Están los referentes, los grandes maestros y sabios, Sivananda, Yogananda, Vivekananda…, las autoridades a las que apelamos, porque siempre hay un criterio de autoridad que buscamos a la hora de emprender tal o cual práctica o estudio de una u otra tradición, algo necesario por otra parte.
Pero aquí se trata de dar un pequeño giro o, cuando menos, de mantener abierta una doble vía o visión. Los Discípulos se adhieren a un criterio de autoridad que se fundamenta, se construye y crece desde la imaginación y desde la creatividad. Y eso puede enriquecer nuestro entendimiento del yoga y nuestra propia práctica.
No renuncian a las descripciones e ideas conocidas. Sarvangasana, pongamos por caso, es lo que es tal como se nos ha contado, pero también puede ser vista utilizando esta otra alternativa, que también es metafórica: un árbol invertido cuyas raíces (los pies) se abren al firmamento tratando de atraer las potencias cósmicas, el sexo se ventila mientras muladhara recibe un soplo sutil de aire fresco.
Creo que esta doble visión es legítima y necesaria, en particular si queremos que los caminos yóguicos tradicionales no acaben definiéndonos demasiado. No se trata tanto de transitar por un camino prefijado según dictan los cánones como de poner el yoga al servicio de nuestra trayectoria espiritual personal.
Uno mismo es el camino, el caminante y la meta. La práctica yóguica no sólo es una tecnología para la transformación de la conciencia, también es un arte y, por tanto, una cultura, pero un arte maleable, cambiante, vivo, que desborda los moldes clásicos a golpe de imaginación. El yogui es el yogui y sus circunstancias, esto es, su vida. Los Discípulos, antes que yoguis, son seres humanos que viven, que aman, que practican sexo, que se hacen preguntas, que dudan, que temen. En definitiva, son seres humanos comunes y corrientes que no renuncian a esas cosas.
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miércoles, 8 de febrero de 2012
Segunda edición
Cinco meses de trabajo. Eso es lo que ha supuesto llevar adelante esta segunda edición. Creo que nunca me he batido tanto el cobre por un texto como ahora.
Dentro, dos secciones nuevas: menciones de otros o comentarios sobre libro (en webs, blogs, comunicaciones personales, e-mails…), y micro-yoga (o anecdotario breve). A este respecto, seguiré incluyendo, en futuras ediciones, las reseñas que se sigan haciendo. Las anécdotas (recién salidas de las esterillas) pueden ser entendidas como microrrelatos (de tres líneas).
Todo está listo. La presentación de esta nueva edición será el día 23 de febrero en el C.M.I. Julián Sánchez “El Charro” (junto al Corte Inglés) a las 6 de la tarde. Pero ahora hay que esperar a que las máquinas de la imprenta hagan su trabajo para que el yoga y la literatura se den la mano una vez más.
sábado, 7 de enero de 2012
Ir a la India
Una de mis asignaturas pendientes. Lo reconozco. Aunque no creo que sea imprescindible para poder ofrecer clases de yoga de calidad. Y es que la ciencia de Patanjali ya es una disciplina universal que crece y se innova a lo largo y ancho del planeta.
De la misma forma que no necesitamos viajar a Italia para conducir un Fiat, tampoco necesitamos atravesar el Indo para hablar de chakras o de kundalini, o para enseñar las variantes de una u otra postura. Las asanas, al igual que los coches y la mayor parte de las cosas, han terminado comercializándose.
Porque la ruptura de nuestros esquemas preestablecidos posiblemente puede producirse dentro de cualquier contexto sociocultural que sea completamente diferente a aquel en el que nos movemos a diario. Y eso es algo que ocurre en la India, pero también en México y en muchos otros lugares.
¿Encontronazo emocional o acceso a un mayor nivel de conciencia? ¿O quizá ambas cosas? ¿Qué es lo que buscamos realmente? Decididamente no creo que los niveles de conciencia dependan de los puntos cardinales. Oriente no es más espiritual que Occidente. Aunque lo parezca, el olor a santidad no es más intenso en la ribera del Ganges que en los Arribes del Duero.
Pero algo sigue tirando de nosotros desde el subcontinente indio, algo indefinible que creemos que puede ayudarnos a acceder a la vida espiritual que buscamos. Pero debemos definir y perfilar en qué consiste esa vida espiritual, porque el mundo es mundo de uno a otro confín. El mismo mundo y la misma vida. Quizá todo depende de la sutileza de nuestra mirada, de la profundidad de los ojos del vidente, que es al fin y al cabo quien contempla todas las cosas.
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